Vistiéndonos de soledad

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Seguimos vistiéndonos de soledad, 
escondiendo la mano ante la limosna, 
gritándole fuerte al desamor, 
desarmando el ego con un trago, 
ocultando ese dolor,
negando las noches empapadas,
esperando en una calle clandestina,
escapando del calor
de las farolas 
y de todo su estupor,
consultando el reloj,
palpando las llaves,
y aguantando 
nuestro hedor. 


Tanto austral como porteño

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                                                                                             A MI CHILENITA



Necesito lamer la sal fría impregnada en tu piel,
que tu cabello sea nuestra manta sobre las rocas,
y que me hables con dejo un tanto austral como porteño.


Tus labios son estampa herida por el tiempo,
una canción que Neruda no nos dejo,
un rosario de cuentas gastadas entre las manos,
y un jardín donde las flores van en las muñecas.


Entre tu cielo y el mío, 
van las aves insignias de nación,
que procrastinan su vuelo lacerante
de terrible y queda fascinación.


Se llama Joselito y tiene setenta y tres

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Me he alejado de las manchas de Dalí,
he cerrado los ojos ante la luz de Buñuel,
me he permitido un sueño si recitan a pablo,
y me he vuelto loco si se comen a Lorca.


Madrid pulsa en mi recuerdo,
y me llega el frío desde fuera de Toledo,
se alza Segovia y corren con el viento
esas cenizas que resguardan del fiero pueblo.


¡Vengan, abran las ventanas!
Saquen el hilo y borden una bandera,
vámonos a las plazas que todavía es primavera,
inflemos el pecho, que llevamos una estrella en la remera.


Goyette